viernes, 27 de septiembre de 2013

"El Fotógrafo" Segunda Parte ♥


Paula entró en el baño y cerró la puerta. Se quitó los vaqueros y la camiseta. Debido a que las fotos del calendario eran de contenido sensual, ella y las otras mujeres que posaron, se les ocurrió la idea de usar lencería para la sesión. La camisola y las bragas de bikini que algunas de sus amigas utilizaron parecían ser demasiado reveladoras para ella, así que, en cambio, optó por su corta bata favorita de seda.
Observando su reflejo en el espejo de cuerpo entero cuando se ataba el cinturón alrededor de su delgada cintura, se alegró de elegir ese atuendo. No sólo la linda bata azul claro acentuaba sus esbeltas curvas, sino que también mostraba sus piernas largas. Se había puesto maquillaje justo antes de ir al estudio, así que todo lo que tuvo que hacer fue retocar su brillo de labios, pasó los dedos por su largo cabello oscuro, y ya estuvo lista.
Tomó un profundo aliento, le dio a su reflejo una última mirada, y luego abrió la puerta.
Cuando Paula caminó hacia el estudio, encontró a Godiva acostada a los pies de Pedro con su cabeza entre las patas mientras él estudiaba la cámara entre sus manos. Cuando se acercó, ambos levantaron sus cabezas para mirarla. Godiva inmediatamente se levantó y caminó para saludar a Paula. Pedro, en cambio, se quedó parado ahí, con la cámara en sus manos aparentemente olvidada, mientras él admiraba su esbelta figura envuelta en una bata y sus largas y desnudas piernas. Paula sintió que sus mejillas se coloreaban ante obvia apreciación de sus ojos mieles y tímidamente se inclinó para darle a Godiva una suave palmada en la cabeza.
Pedro se aclaró la garganta. —Podemos comenzar en cuanto estés lista.
Paula se enderezó para darle una mirada avergonzada.
—Nunca antes he hecho modelaje, así que no estoy muy segura ahora de cómo debo posar.
Él sonrió. —No hay problema. ¿Por qué no se ponen tú y Godiva de pie en el estrado delante del telón de fondo y comenzamos con unas tomas para calentar? Tengo la cámara conectada a un monitor, así que puedes verte a ti misma mientras saco las fotos.
Ella asintió. Ese era un montaje elegante.
—Está bien. Vamos, Godiva.
Moviendo la cola, Godiva siguió ansiosamente a Paula hasta la plataforma elevada y se sentó de forma obediente.
—Eso está bien — dijo Pedro. —. Sonríe para mí.
Paula siguió sus instrucciones, inclinando ligeramente la cabeza y dándole lo que esperaba que fuera una sonrisa natural.
—Genial.— Pedro levantó su cámara y sacó algunas fotos. —. Está bien, la misma sonrisa, pero esta vez, pon tus manos en las caderas.
Ella así lo hizo, dejando descansar sus manos libremente en la curva de las caderas e inclinando un poco una pierna. Recordando lo que él dijo sobre mirarse en el monitor, lanzó una rápida ojeada en esa dirección y vio que ella y Godiva lucían bastante bien. Todo ese asunto del monitor era genial.
—Muy bonito.— Tomó algunas fotografías más, y luego la miró por sobre la cámara. —. Está bien, intentémoslo contigo arrodillada al lado de Godiva.
Se dejó caer en una rodilla junto a la perra y puso un brazo rodeando amorosamente a Godiva.
—¿Así?


—Perfecto.
Sacó más fotos, girando la cámara primero a un lado, y luego al otro mientras él se movía un poco de derecha a izquierda. Él bajó la cámara para destellarle una sonrisa sexy.
—Si todas las mujeres son tan hermosas como tú, estoy seguro que terminaré comprando un calendario.
Ella se sonrojó ante el cumplido y alzó una mano libre para meterse el pelo detrás de la oreja de manera avergonzada.
—Mantén esa pose— ordenó Pedro.
Paula se sorprendió, pero obedeció. No habría pensado que la casi cándida pose fuera particularmente digna de estar en el calendario, pero decidió dejárselo a Pedro. Después de todo, él era el fotógrafo. Pero cuando ella miró hacia el monitor, se percató que la imagen sí lucía un tanto sexy.
Sacó lo que deberían haber sido unas veinte o treinta fotos desde varios ángulos con ella en esa pose, antes de bajar la cámara para darle otra sonrisa.
—Sabía que ibas a ser natural en esto.


Paula rió.

—Yo no sé nada de eso.
—Cambiarás de opinión cuando veas estas fotos impresas— le aseguró. —. ¿Qué tal si te sientas sobre una cadera con tus piernas un poco escondidas debajo de ti?
Hizo lo que le pidió, descansado su cadera en contra de Godiva mientras acomodó sus piernas a un lado. El movimiento causó que la bata se abriera un poco más arriba en los muslos, pero ella no se movió para ajustarla. Se suponía que las fotografías debían ser sexys y si la forma en que la mirada de Pedro se mantuvo allí era una indicación, entonces mostrar un poco de pierna era definitivamente sexy. ¿Quién lo diría? Incluso podría vender más calendarios.
—Está bien— dijo. —. Ahora pon tus brazos alrededor de Godiva. Perfecto.

Mientras Pedro continuaba tomando fotos, Paula miró a Godiva por la esquina de su ojo para ver a la perra lanzarle a la cámara una enorme sonrisa canina y tuvo que contener la risa. Qué lindura.

—Inclínate un poco y déjame ver algo más de ese hermoso escote— le indicó Pedro.
¿Escote? Paula parpadeó sorprendida. No se había dado cuenta de que estuviera mostrando escote alguno, pero una rápida mirada le demostró que su bata se había abierto un poco, no sólo revelando el encaje de su sujetador de satín negro, sino que la parte superior de sus pechos también. Sonrojada, ella se inclinó hacia delante para mostrarle a la cámara y a Pedro un poco más. Ya comenzaba a acostumbrarse a esto.
—Oh sí, justo así— susurró. —. Mantén esa pose para mí.
Paula no estaba segura si fue la manera ronca en que dijo las palabras o la provocativa y sexy pose, pero mientras Pedro se movía más cerca para sacar las fotos, ella sintió una repentina oleada de calor que se concentraba entre sus muslos. Joder, en realidad se estaba excitando.
Cayendo sobre una rodilla frente a ella, Pedro bajó la cámara y se acercó con la mano libre para cepillar gentilmente el pelo con sus dedos. El contacto envió un hormigueo de electricidad, que nunca antes había sentido, cruzando su cuerpo y quedó sin aliento.
¿También lo había sentido él? Se preguntó. Por la mirada en sus ojos le hizo pensar que sí, pero antes de que pudiera estar segura, Godiva interrumpió el momento al levantarse, salir de la tarima, y caminar fuera del estudio. Paula miró con asombro cuando la perra desapareció a través de la puerta hacia el área de espera.
Recordando abruptamente el motivo por el que se encontraban allí, Paula abrió la boca para llamar a Godiva para que regresara, pero Pedro la detuvo.
—Está bien— dijo, bajando su mano. —. Tenemos suficientes tomas para el calendario.
—Oh.— Paula no pudo ocultar su decepción cuando Pedro se paró. —. Me estaba divirtiendo tanto, tenía la esperanza de que tuvieras que tomar algunas más.
Él la observó en silencio por un momento, entonces le dio una sonrisa perezosa.

—Sólo porque tengamos suficiente para hacer el calendario, no significa que no pueda sacar algunas fotografías más. Y si te gustan algunas de esas, más que las otras, puedo simplemente usar PhotoShop para incluir a Godiva más tarde.
Paula se mordió el labio inferior mientras consideraba su oferta. El estudio fotográfico había donado sus servicios para el refugio, así que realmente no debería ocupar más de su tiempo
Por otra parte, no todos los días un tipo ardiente le tomaba fotografías.


—Está bien— dijo. —. Pero sólo si estás seguro que no te molesta.
La boca de él se torció. —¿Si acaso me importa sacarle fotos a una hermosa mujer como tú? Es un trabajo difícil, lo admito, pero alguien tiene que hacerlo.
Ella rió, sus mejillas se colorearon ante el cumplido. Dios, este chico sabía exactamente qué decirle a una chica.
Pedro se agachó apoyándose en una rodilla frente a ella.
—Bien, ahora que Godiva salió de la habitación, muéstrame tu mejor mirada sensual.
Paula no estaba muy segura de cómo ser sensual, pero decidió dar lo mejor de sí misma. Poniendo sus manos en el suelo frente a ella, se inclinó hacia delante para mostrarle un poco más de escote y lo miró por debajo de sus pestañas.
Él inmediatamente empezó a tomar fotos. —Oh sí, eso es de lo que hablo. Sigue así.
Ella se rió ante sus palabras, incapaz de evitarlo. Se asomó por detrás de la cámara para lanzarle una mirada curiosa.
—¿Por qué te detienes? Estaba perfecto.
—No estoy tan segura si puedo hacer una buena mirada sensual— le contestó.
—No estoy de acuerdo. Y tampoco la cámara. Pero si no me crees, haz lo mismo y esta vez echa un vistazo al monitor.
Esperando no lucir tan ridícula como se sentía, Paula mantuvo la misma pose, luego miró el monitor después de que le tomara una foto. Lo que vio, la hizo mirar dos veces. Con sus carnosos labios entreabiertos, sus ojos verdes medio escondidos bajo la espesa franja de pestañas negras, la parte superior de sus pechos cubiertos de encaje asomándose sobre la bata de seda, no sólo no lucía ridícula, sino que parecía ser la exacta definición de sensualidad. Ese pensamiento envió otra corriente de excitación a través de su parte intima.
—Hermosa— dijo Pedro. —. Ahora, deja caer un poco la bata por tus hombros para mí.
Paula hizo lo que le pidió, esperó a que le tomara otra fotografía, entonces, impulsivamente levantó su cabello con su mano libre y le lanzó un beso al aire por encima de su hombro.
Él se rió entre dientes. —Eso es. Muéstrame más. Diviértete con ello.
Ella bajó su mano, dejando caer el pelo por su espalda mientras cambiaba de posición. Apoyada con su cadera, se inclinó hacia delante para darle una sexy ven-aquí mirada. Mientras lo hacía, la bata se deslizó hasta sus codos, exponiendo completamente su sostén de encaje ante la cámara y al hombre detrás de ésta. El gemido de aprobación de Pedro fue todo el estímulo que necesitó para seguir adelante. Rodando sobre su espalda, se apoyó con lo codos y levantó sus piernas desnudas al aire.
—Mantén esa pose— dijo Pedro mientras sacaba más fotos. —. Perfecto.
Olvidando el comentario anterior que le hizo a Godiva, sobre no mostrar nada más que las piernas y un poco de hombros, Paula se vio a sí misma yendo por el cinturón de su bata. Pero entonces dudó. ¿Se atrevería? El sujetador y las bragas a juego que llevaba podrían considerarse diminutas, pero no eran tan distintas a un bikini, de esos que usualmente se ponía. Además, posar para unas fotografías subidas de tono era bastante divertido. Como si fuera su propia sesión fotográfica glamorosa.
Con lo labios curvándose en una sonrisa traviesa, Paula lentamente desató el cinturón y dejó que la bata cayera para darle a Pedro y a su costosa cámara digital de alta tecnología, una buena y larga mirada a su cuerpo semi desnudo. Por su acelerada respiración, ella tuvo el presentimiento que a él le gustaba lo que veía.
Rodando sobre su lado para enfrentarse a él, se apoyó sobre su codo y levantó su pierna superior hacia arriba. Mientras Pedro capturaba su pose con la cámara, ella observó el monitor y le complació ver lo sensual que se veía. A pesar de que siempre había sido bastante segura con su cuerpo, verse a sí misma de este modo la hizo sentirse incluso más sexy.
Le recomendaría hacer esto a cualquier chica que buscara mejorar su imagen personal. Atrapando su labio inferior con los dientes, volvió su atención hacia Pedro y le lanzó una mirada provocativa.

Oh sí, eso es— dijo. —. Hazle el amor a la cámara.


Paula no había pensado que lo que estaba haciendo era hacerle el amor a la cámara, pero esas palabras hicieron que su parte intima temblara aún más entre sus piernas. Se preguntó si la idea de posar como modelo de página central era lo que encontraba excitante, o si era en realidad el hacer esto frente a un hombre tan arrebatador como Pedro. Mientras ella se sentaba, decidió que era un poco de ambas.
Preguntándose qué tan juguetona podía ponerse con la picante sesión fotográfica, Paula lentamente pasó los dedos por su escote, luego cubrió sus pechos envueltos de raso con sus manos. Los pezones se endurecieron bajo la tela con su caricia, y tuvo que sofocar un pequeño gemido. Dios, cómo le gustaría quitarse el sujetador y simplemente darles un suave pellizco. La urgencia era demasiado poderosa para resistirse y se vio a sí misma intentando alcanzar su sostén para desabrocharlo. Sin embargo, una vez que sus dedos encontraron los ganchos, titubeó, no muy segura si debía continuar. Pero entonces vio un destello de anticipación en los ojos de Pedro y su pulso se aceleró agitadamente. Supo en ese momento que no se iba a detener.
Desenganchando los broches, perezosamente empujó unas de las tiras, luego la otra por su hombro. Pero en vez de quitarse el corpiño de inmediato, cruzó sus brazos sobre sus pechos, se inclinó hace delante lo suficiente como para burlarse un poco de Pedro antes de hacer la gran revelación.
Pedro se acercó aún más, su dedo haciendo clic en el botón de disparo con furia.
—¿Estás segura que nunca antes habías hecho esto?
—Estoy segura. — Ella ladeó un hombro hacia delante y le dio una linda mueca. —. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque sabes exactamente cómo seducir a la cámara.
Paula se dio cuenta que se había olvidado de la cámara. En algún momento, esto se había convertido en seducir al hombre detrás de ésta.
Se preguntaba si estaba funcionando. Decidiendo que había sólo una manera de descubrirlo, lentamente dejó caer su sostén para revelar sus pechos desnudos.
Pedro bajó la cámara para mirarla. —Maldición — suspiró.

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espero que les guste la segunda Parte!!
Gracias Por Leer!!♥




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