—Ya sabes, si esto no fuera por una buena causa, no habría forma de que estuviera haciéndolo— le dijo Paula a su hermosa perra labrador de color chocolate, Godiva. Ella medio esperaba que la perra la convenciera para librarse de esto, independientemente de la causa, pero su mascota sólo la miró como si dijera —No me mires a mí, esta fue tu idea.— De hecho, por la sonrisa canina en el rostro de Godiva, casi pensó que al animal le hacía gracia todo el asunto.
—Por supuesto que encuentras esto gracioso— murmuró Paula. —Nadie te está pidiendo que te quites la ropa.
Godiva le dio una mirada intencionada que decía:
—Eso es correcto. ¡Y ni pienses en tocar mi collar!
Bueno, tal vez decir que se quitaría la ropa era una exageración. Ella podría hacer un poquitín de exposición artística de los hombros, quizás incluso mostrar un poco de pierna. Nada más que eso. —¿Cierto, Godiva? Trazaremos el límite en los hombros y piernas.
Realmente era para una buena causa. El refugio animal en donde obtuvo a Godiva dos años atrás, estaba organizando una especie de sexy calendario —desnúdate-para-la-causa— con el fin de reunir fondos. Paula y las otras mujeres voluntarias, habían accedido a hacer las fotografías.
Hubo una organización de rescate animal en Portland que había hecho lo mismo el año pasado y tuvo un gran éxito, obteniendo miles de dólares para ayudar a apoyar su refugio. Cuando la dueña, en donde Paula era voluntaria, le preguntó si lo haría, no fue capaz de decir que no.
Ahora que se encontraba parada frente a la puerta del estudio de fotografía en el centro de Seattle, comenzaba a pensar que en su lugar debió donar algo de dinero. No es que fuera una chica demasiado tímida ni nada de eso. Era sólo que nunca había hecho algo tan atrevido y audaz como posar medio desnuda para un calendario pin-up.
Pero ella había dicho que lo haría, así que no se iba retractar ahora. Nunca podría enfrentar a las otras chicas del refugio si no lo hacía. Todas ya hicieron sus sesiones de fotos y no habían dejado de hablar sobre lo divertido que había sido.
Así que, tirando más de cerca la correa de Godiva, Paula abrió la puerta y entró. Una pequeña campana adherida a la parte superior de la puerta tintineó, anunciando su llegada. Miró alrededor del estudio, creyendo encontrar a la fotógrafa esperándola, pero la mujer no se veía por ningún lado. Las otras chicas que hicieron la sesión de fotografía ya la habían descrito como alguien muy fácil con quien trabajar. Eso hizo sentirla mejor . Posar para una agradable mujer mayor no la haría sentir tan avergonzada.
Después de que unos minutos pasaron y nadie salió desde la trastienda del estudio, Paula pensó que la mujer no debió de escuchar la campana. Tal vez se hallaba ocupada preparando las cosas para la sesión fotográfica.
Ordenándole a Godiva quedarse quieta, Paula se acercó para tocar la campanilla del mostrador. Era más ruidosa de lo que pensó que sería e hizo una mueca mientras hacía eco entorno a la sala. Le dio una mirada de disculpa a Godiva.
—Lamento eso. Estoy un poco nerviosa.
Godiva le lanzó una mirada que Paula tradujo como —Lo que sea— antes que se echara para lamerse las patas. Probablemente quería que sus uñas lucieran bien para la sesión, pensó Paula, deseando estar tan relajada como su perra.
Sabiendo que sólo iba a ponerse más nerviosa si continuaba pensando sobre las fotografías, Paula dejó que sus ojos vagaran por la habitación. Además del sofá de cuero y dos sillas a juego, había una mesita de café y varias plantas en macetas que le entregaban a la habitación un ambiente cálido y acogedor. Pero fueron las fotos montadas en la pared lo que llamaron su atención. De todo, desde niños y animales, hasta bodas y retratos familiares, vida silvestre y paisajes, era una mezcla de color y blanco y negro, hermosas y artísticas. Ella pudo ver porqué los dueños de del refugio habían escogido a este estudio de fotografía para tomar las fotos de este calendario. Si salían la mitad de elegantes como las que se encontraban en la pared, el resultado sería una obra de arte.
—¿Puedo ayudarte en algo?
Paula estaba tan hipnotizada por las fotografía que no escuchó a nadie entrar a la habitación y saltó al sonido de la voz de un hombre. Con una mano en su garganta, se giró para ver al tipo más magnífico en el que alguna vez posó los ojos, parado justo frente a ella. Alto y musculoso con cabello castaño y una mandíbula cincelada, él tenía el tipo de ojos conmovedores con los que una chica se perdería si no era cuidadosa. La sonrisa que le destelló era suficiente para hacerla derretirse justo ahí, en ese instante.
—Lo Lamento— dijo. —. No quería asustarte.
—No lo hiciste.— Ella sintió que su cara se sonrojaba al darse cuenta cuan lamentable sonaba, especialmente cuando era obvio que sí la había sorprendido.
—Bueno, tal vez sí me asustaste un poquito. Me encontraba observando las fotografías y no te escuché venir.
Alzó la mano para meter su pelo detrás de la oreja mientras intentaba ocultar su vergüenza. Sin embargo, antes de que pudiera decir otra cosa mucho más inteligente, Godiva se paró y caminó hacia el hombre para saludarlo, con su cola moviéndose violentamente.
Paula instintivamente abrió su boca para regañarla suavemente, pero el tipo ya se había inclinado sobre su rodilla para darle a la perra una caricia afectuosa.
—Godiva— le advirtió Paula, luego le dio al hombre una tímida mirada. —. Lamento eso. Es su primera vez en un estudio de fotografía, así que está un poco emocionada.
El chico se echó a reír. —Está bien. Sólo está siendo amistosa. ¿No es así, muchacha?
Paula no pudo evitar sonreír mientras él le frotaba detrás de las orejas. No sólo este hombre era totalmente ardiente, sino que también le gustaban los animales. Se preguntaba si tenía novia. Si no, quizás se encontraba buscando una.
Le dio a Godiva otra caricia, y luego se levantó.
—Tú debes ser Paula Chaves, ¿cierto?
Ella asintió, preguntándose cómo supo su nombre. Su confusión debió de ser obvia porque él le explicó.
—Soy Pedro Alfonso, uno de los fotógrafos de aquí. Mariela mencionó que vendrías para una sesión fotográfica con tu perro, así que simplemente sumé dos más dos.
—Oh— Paula miró sobre él hacia la puerta que daba a la parte posterior del estudio. —. ¿Mariela está aquí?
—En realidad, tuvo que irse más temprano. Su hija esta de parto, así que ella y su esposo se dirigieron al Hospital.
—Oh.
Paula no sabía si sentirse aliviada sobre posponer la sesión o no. Había pasado la mayor parte del día preparándose psicológicamente y ahora tendría que hacerlo todo de nuevo.
—Mariela me pidió que yo tomara las fotografías en su lugar, si eso está bien para ti,— dijo.
Paula parpadeó sorprendida. Ella no lo vio venir.
—¿Te lo pidió?
Él metió sus manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros.
—Sí. A menos que prefieras regresar otro día. Entenderé si te sientes más cómoda con que ella te tome las fotos.
Paula se mordió el labio inferior. Mientras que una parte de ella quería volver cuando Mariela estuviera allí, otra parte deseaba terminar con todo el asunto de una vez.
¿Pero podría posar frente a un hombre? No estaba tan segura de eso. Por otra parte, la corta vestimenta que había traído no era tan reveladora. No es como si tuviera que desnudarse por completo frente a él.
Tampoco podía negar el pequeño cosquilleo excitante que comenzaba a expandirse por su cuerpo ante el pensamiento de que un bombón como él le tomara las fotografías en paños menores. Ella se detuvo para pensar. ¿De dónde diablos había salido eso? Hace un minuto atrás estaba aterrorizada ante el pensamiento de que Mariela incluso viera sus hombros. ¿Y ahora se estaba poniendo toda caliente y mojada por la idea de que Pedro viera lo mismo? Está bien, el chico estaba buenísimo.
—No— le respondió. —. Ya estamos los dos aquí, así que bien podríamos seguir adelante y hacerlo.
—Godiva— le advirtió Paula, luego le dio al hombre una tímida mirada. —. Lamento eso. Es su primera vez en un estudio de fotografía, así que está un poco emocionada.
El chico se echó a reír. —Está bien. Sólo está siendo amistosa. ¿No es así, muchacha?
Paula no pudo evitar sonreír mientras él le frotaba detrás de las orejas. No sólo este hombre era totalmente ardiente, sino que también le gustaban los animales. Se preguntaba si tenía novia. Si no, quizás se encontraba buscando una.
Le dio a Godiva otra caricia, y luego se levantó.
—Tú debes ser Paula Chaves, ¿cierto?
Ella asintió, preguntándose cómo supo su nombre. Su confusión debió de ser obvia porque él le explicó.
—Soy Pedro Alfonso, uno de los fotógrafos de aquí. Mariela mencionó que vendrías para una sesión fotográfica con tu perro, así que simplemente sumé dos más dos.
—Oh— Paula miró sobre él hacia la puerta que daba a la parte posterior del estudio. —. ¿Mariela está aquí?
—En realidad, tuvo que irse más temprano. Su hija esta de parto, así que ella y su esposo se dirigieron al Hospital.
—Oh.
Paula no sabía si sentirse aliviada sobre posponer la sesión o no. Había pasado la mayor parte del día preparándose psicológicamente y ahora tendría que hacerlo todo de nuevo.
—Mariela me pidió que yo tomara las fotografías en su lugar, si eso está bien para ti,— dijo.
Paula parpadeó sorprendida. Ella no lo vio venir.
—¿Te lo pidió?
Él metió sus manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros.
—Sí. A menos que prefieras regresar otro día. Entenderé si te sientes más cómoda con que ella te tome las fotos.
Paula se mordió el labio inferior. Mientras que una parte de ella quería volver cuando Mariela estuviera allí, otra parte deseaba terminar con todo el asunto de una vez.
¿Pero podría posar frente a un hombre? No estaba tan segura de eso. Por otra parte, la corta vestimenta que había traído no era tan reveladora. No es como si tuviera que desnudarse por completo frente a él.
Tampoco podía negar el pequeño cosquilleo excitante que comenzaba a expandirse por su cuerpo ante el pensamiento de que un bombón como él le tomara las fotografías en paños menores. Ella se detuvo para pensar. ¿De dónde diablos había salido eso? Hace un minuto atrás estaba aterrorizada ante el pensamiento de que Mariela incluso viera sus hombros. ¿Y ahora se estaba poniendo toda caliente y mojada por la idea de que Pedro viera lo mismo? Está bien, el chico estaba buenísimo.
—No— le respondió. —. Ya estamos los dos aquí, así que bien podríamos seguir adelante y hacerlo.
Caramba, ¿había dicho eso en voz alta? El color subió por su rostro cuando se dio cuenta que debió sonar como si ella quisiera saltar sobre sus huesos ahí mismo.
—Me refiero a la sesión fotográfica.
Él sonrió. —Me di cuenta.
Se sonrojó aún más y alzó la mano para meter su cabello detrás de la oreja otra vez. Incluso Godiva la miraba como si fuera una idiota.
—Así que, ¿para qué refugio animal estás haciendo este calendario?— preguntó Pedro.
Paula sonrió, aliviada de que él cambiara el tema.
—Personas para Mascotas. Está en la Avenida 12.
—¿En serio? Adopté a mi perro allí.
—¿Tienes un perro? ¿De qué raza?
—Papillon.— Pedro gesticuló hacia la fotografía en la pared detrás del mostrador—. Esa es su foto.
La sonrisa de ella se amplió cuando vio la foto. El perro de tonos marrones y blanco parecía juguetón, aunque alerta y vigilante al mismo tiempo.
—¿Cómo se llama?— preguntó, desviando su atención de vuelta a Pedro.
—Sam.
Frunció el ceño. —¿Sam? Ese no es nombre para un perro.
Pedro miró la fotografía por un momento, considerándolo, luego se encogió de hombros.
—Me refiero a la sesión fotográfica.
Él sonrió. —Me di cuenta.
Se sonrojó aún más y alzó la mano para meter su cabello detrás de la oreja otra vez. Incluso Godiva la miraba como si fuera una idiota.
—Así que, ¿para qué refugio animal estás haciendo este calendario?— preguntó Pedro.
Paula sonrió, aliviada de que él cambiara el tema.
—Personas para Mascotas. Está en la Avenida 12.
—¿En serio? Adopté a mi perro allí.
—¿Tienes un perro? ¿De qué raza?
—Papillon.— Pedro gesticuló hacia la fotografía en la pared detrás del mostrador—. Esa es su foto.
La sonrisa de ella se amplió cuando vio la foto. El perro de tonos marrones y blanco parecía juguetón, aunque alerta y vigilante al mismo tiempo.
—¿Cómo se llama?— preguntó, desviando su atención de vuelta a Pedro.
—Sam.
Frunció el ceño. —¿Sam? Ese no es nombre para un perro.
Pedro miró la fotografía por un momento, considerándolo, luego se encogió de hombros.
—No sé. Luce como un Sam para mí.
Paula se giró para estudiar al adorable perro nuevamente. No, a ella no le parecía.
—El baño está al final si quieres cambiarte— sugirió Pedro. —. En la segunda puerta a la derecha.
Paula se volvió hacia él. Había estado tan interesada en hablar sobre su perro, que casi se olvidó del motivo real de su visita.
—Bien, gracias.— Le dio a la correa que tenía en su mano un suave tirón. —. Vamos, Godiva.
—Ella se puede quedar aquí conmigo mientras te cambias, si quieres.— Se ofreció Pedro.
Miró a Godiva, luego a él. —Claro. Si no te importa.
Entregándole la correa de la perra, Paula le dijo a Godiva que sólo se tardaría unos minutos, entonces se dirigió hacia la parte de atrás del estudio. A medida que pasaba por entre las luces, sombrillas y diversos equipos fotográficos, se sorprendió por el grado de profesionalismo de todo. La hizo sentirse como una modelo de verdad. Cierto. Como si las modelos reales estuvieran tan nerviosas antes de su sesión fotográfica.
Paula se giró para estudiar al adorable perro nuevamente. No, a ella no le parecía.
—El baño está al final si quieres cambiarte— sugirió Pedro. —. En la segunda puerta a la derecha.
Paula se volvió hacia él. Había estado tan interesada en hablar sobre su perro, que casi se olvidó del motivo real de su visita.
—Bien, gracias.— Le dio a la correa que tenía en su mano un suave tirón. —. Vamos, Godiva.
—Ella se puede quedar aquí conmigo mientras te cambias, si quieres.— Se ofreció Pedro.
Miró a Godiva, luego a él. —Claro. Si no te importa.
Entregándole la correa de la perra, Paula le dijo a Godiva que sólo se tardaría unos minutos, entonces se dirigió hacia la parte de atrás del estudio. A medida que pasaba por entre las luces, sombrillas y diversos equipos fotográficos, se sorprendió por el grado de profesionalismo de todo. La hizo sentirse como una modelo de verdad. Cierto. Como si las modelos reales estuvieran tan nerviosas antes de su sesión fotográfica.
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Primera Parte de este corto.. espero que les guste!
Gracias por leer! ♥
Primera Parte de este corto.. espero que les guste!
Gracias por leer! ♥
Me encanto! Espero la segunda parte :)
ResponderEliminarQUE INTERESANTE SE PUSO
ResponderEliminarmuy bueno,seguí subiendo!!!
ResponderEliminarBuenísimo, me encantó!!!!!!!!!!!! Me imagino lo que van a ser las sesiones fotográficas jajajaja
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